Las ropas desaparecieron de sus cuerpos casi sin que se dieran cuenta, como si el deseo tuviera voluntad propia y los guiara en cada movimiento. En cuestión de segundos, quedaron desnudos el uno frente al otro, vulnerables y, al mismo tiempo, profundamente conectados.
Alegra lo miró con una mezcla de nervios y anhelo, su pecho subiendo y bajando con rapidez. Él sostuvo su mirada, como si quisiera grabar cada detalle de su rostro en su memoria. No hubo palabras, no eran necesarias.
Se acercaron