Julián levantó la mirada cuando vio a su hijo frente a él.
Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.
El silencio entre ellos pesaba.
Julián no se atrevió a acercarse. No era por falta de amor. Amaba a Elías como a un hijo propio, pero su orgullo seguía herido. Las palabras que había escuchado el día anterior aún le dolían. Nunca Elías lo había humillado de esa manera.
Y, aun así, Julián no era capaz de ser cruel con él.
Elías comenzó a acercarse lentamente por el pasillo del hospital.