El jardín estaba iluminado por la suave luz del atardecer, que caía sobre las flores y el césped, tiñéndolo todo de tonos dorados y cálidos. El murmullo del agua de la fuente se mezclaba con el canto de los pájaros y el crujir de las hojas bajo los pasos de Salma, que avanzaba con determinación y una mezcla de rabia y resentimiento.
Elyna y Alegra se miraron brevemente; Alegra le guiñó un ojo a su madrina, como quien dice “todo bajo control”, antes de que la joven se dirigiera hacia el exterior