Alegra negó con la cabeza débilmente, sus ojos brillaban con una mezcla de confusión y deseo que no le pertenecía del todo.
—Alegra… no… no debemos… —murmuró Juliano con dificultad, sosteniéndola por los hombros para evitar que se acercara más—. Estás drogada… no estás consciente.
Ella lo miró fijamente, como si sus palabras no lograran alcanzarla. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa, suave, casi inocente.
—¿No te gusto? —preguntó con voz dulce, tan frágil que dolía escucharla.
Juliano si