Juliano reaccionó de inmediato.
Sin darle tiempo a Salma de tocar a Alegra, la sujetó con firmeza y la apartó de ella, colocándose como una barrera entre ambas. Su expresión había cambiado por completo: ya no era el hombre sereno de antes, sino alguien firme, decidido… incluso peligroso.
En contraste con Alegra, que aún se cubría con las sábanas, vulnerable y confundida, Juliano estaba completamente vestido, lo que hacía la escena aún más evidente.
—¡Ya basta, Salma! —su voz resonó con autoridad