Odín sostuvo a Verónica entre sus brazos con firmeza, sintiendo lo frágil que estaba. Su cuerpo parecía no responder del todo, como si algo la estuviera apagando lentamente. Sin perder más tiempo, la llevó hasta su auto, abrió la puerta del copiloto y la acomodó con cuidado, asegurándose de que no se golpeara.
Cerró la puerta con rapidez y rodeó el vehículo, subiendo al asiento del conductor. Encendió el motor y arrancó.
Su mente trabajaba con rapidez, debía ir al Hospital.
Esa era la opción lóg