Odín se apartó un poco de la cama, como si necesitara distancia para comprender lo que acababa de suceder.
Observó a Verónica con detenimiento. Incluso con el vendaje en la frente y el rostro pálido por el accidente, seguía siendo una mujer sorprendentemente hermosa.
Había algo delicado en sus rasgos, algo vulnerable que despertaba una sensación protectora en él.
Suspiró lentamente y, casi sin darse cuenta, estiró la mano para apartar un mechón de cabello que había caído sobre su rostro. Sus de