Elyna volvió a la mansión Altamirano cuando el cielo comenzaba a oscurecer, tiñéndose de tonos violáceos y grises que parecían reflejar su propio estado de ánimo.
Las luces exteriores ya estaban encendidas, bañando la fachada en un resplandor elegante y frío, impecable por fuera, impenetrable… como muchas de las personas que habitaban ese lugar. Aun así, al cruzar la puerta principal, su corazón latía con una mezcla confusa de ansiedad y necesidad.
Necesitaba hablar. Necesitaba decirlo todo.
Ten