MARIUS
Empujo la puerta del apartamento con la sensación de haber atravesado un campo de minas. Cada paso me arranca, cada aliento me quema. Creí que al salir de la comisaría me sentiría aliviado. Pero el respiro no duró. Apenas había recorrido unas calles en la noche que ya, el torniquete de mi vida me ha vuelto a apretar del cuello.
Llego a casa y Inès ya me espera.
Dentro, la luz de la sala está encendida. Inès está allí. Sentada en el sofá, con las piernas cruzadas, los brazos apretados con