INÈS
Cierro la puerta detrás de mí con un golpe seco, casi teatral, dejando resonar mi ira en el apartamento vacío. Cada paso sobre el parquet me acerca a mi plan, y sin embargo, la soledad que me rodea no es nada comparada con la quemadura de la humillación. Ezran… ese muro helado, esa mirada impasible que ha aniquilado mis intenciones. Ha destruido mi estratagema antes incluso de que pudiera ponerla en acción, y por primera vez, siento esa rabia pura, fría, que se infiltra en mis venas.
Gracias… su simple existencia me aplasta. Ella es todo lo que yo no soy: perfecta, admirada, inalcanzable. Su sonrisa, su dulzura, su gracia… todo me recuerda mis propios faltantes. ¿Y yo? Ignorada, esquivada, humillada. Mi fracaso quema más que mi ira.
Me siento en mi escritorio, las manos crispadas sobre la fría madera. Mi mente se enciende. Siento la emoción, la anticipación de lo que está por venir. Si no puedo alcanzarla directamente, encontraré un camino indirecto. Su mundo, su tranquilidad, su