INÉS
Me levanté antes del amanecer. Cada gesto de mi rutina estaba calculado para complacerlo: mi cabello cuidadosamente alisado, el maquillaje discreto pero cautivador, mi vestido elegido por la precisión de sus líneas y la suavidad de los colores. Todo debía ser perfecto, fascinante, perturbador. Todo para atraer su atención, para desconcertarlo, seducirlo.
Le mentí a Marius para venir aquí, alegando una cita banal. Nada era banal en mis intenciones. Quería que me viera, que se detuviera, que perdiera el control, aunque fuera un instante. Y ahí estaba, ignorándome, rodeándome, cerrándome la puerta en la cara antes de que pudiera acercarme.
Un escalofrío de indignación me recorre. Sus ojos, helados, me traspasan. Siento una mezcla ardiente de humillación y deseo: este rechazo me quema, pero me fascina. Cada fibra de mi cuerpo grita por él, y sin embargo, cada músculo se tensa contra la tentación de ceder.
— Ezran... murmuro, casi inaudible, esperando que me conceda una reacción.
Él p