GRACIAS
Me despierto suavemente, los rayos de la mañana filtrándose a través de las cortinas. El recuerdo de la mañana me atraviesa la mente: Ezran, sus labios en mi mejilla, ese roce que me ha consumido. Sacudo la cabeza, intento ahuyentar esa tensión aún palpable, y decido comenzar mi día. Una ducha rápida, un poco de té, y la calma frágil de un desayuno en la terraza.
Al ponerme mi vestido ligero, siento la brisa matutina acariciar mi piel. Todo parece pacífico, la casa silenciosa, la sirvie