EZRAN
Ella está ahí: Gracias. Cada vez que mi mirada se encuentra con la suya, siento esa extraña y brutal sensación, como si el suelo se desvaneciera bajo mis pies. Yo, Ezran, el hombre al que nada conmueve, el heredero que dicen de mármol, me descubro vulnerable ante una sola luz de sus ojos.
Cuando baja la cabeza, quiero levantarla. Cuando se aleja, tengo la absurda necesidad de seguirla. Cuando sonríe, incluso débilmente, estoy dispuesto a hacer todo para preservar ese milagro.
La cena se s