GRACIAS
La casa está por fin en silencio. Un silencio pesado, precioso, ganado con esfuerzo tras las risas y los llantos del día. Los niños duermen, sus respiraciones tranquilas formando una melodía suave que atraviesa las paredes. En el salón, solo el resplandor de las brasas en la chimenea baila aún, proyectando sombras movedizas sobre los muros.
Estoy sentada en el sofá, los pies recogidos bajo el cuerpo, una taza de té olvidada enfriándose entre mis manos. El cansancio está ahí, una dulce p