El sol filtrado entre los troncos del bosque era más tenue de lo habitual. El canto de los pájaros marcaba el inicio de la mañana, y aunque todo parecía tranquilo allá afuera, lo que más capturaba mi atención estaba dentro de estas cuatro paredes: ella.
Ava se movía con torpeza mientras buscaba su ropa. El largo de su cabello caía sobre su rostro mientras evitaba mirarme directamente. Después de todo lo que compartimos la noche anterior —la pesadilla, mi confesión, la intimidad silenciosa de una