Kalid Al-Rashid ajustó la solapa de su impecable traje mientras descendía de su lujoso auto frente a la imponente mansión de su tío Amon.
Con una sonrisa medida, saludó a los guardias del portón y entró con paso seguro a la mansión.
Claro, él está ahí para "visitar a su querido tío y hablar de negocios", pero la verdad era otra: desde la noche anterior, no podía sacarse de la cabeza a Leila, la mejor amiga de Elena. Esa mujer lo tenía hechizado, y Kalid, un Alfa dominante de prestigio, no estab