Kalid gira lentamente, con una sonrisa ladeada.
—Siempre es un placer ver a la familia, pequeño hermano —responde, enfatizando la última palabra con intención.
Hades bufó, dando un paso adelante mientras sus feromonas comenzaban a impregnar el aire. La presión invisible que emanaba de él se extendió como una ola sofocante, pero Kalid no retrocedió. Su sonrisa se volvió desafiante, un claro "a ver qué tienes".
—Sabes perfectamente que no quiero que juegues con los amigos de mi mujer, Kalid. Leil