El silencio que siguió a la salida de Liam fue más estridente que cualquier ruido. Clara permaneció en el suelo, abrazándose las rodillas, temblando de manera incontrolable. La sensación de los dedos de Liam en su piel era un fuego frío que no se apagaba. Se frotó el brazo con fuerza, intentando borrar la huella, pero solo consiguió enrojecer la piel. La humillación era un sabor amargo en la boca, mezclado con un alivio cobarde que la hacía sentirse aún más sucia.
No supo cuánto tiempo pasó ant