Mi prima me abrazó en silencio.
Yo seguía llorando, me sentía humillada, dolida y furiosa.
¡Fui una imbécil!
Mi corazón dolía y mucho, no podía simplemente ahogar mis penas.
No podía bajar la mirada o mirar hacia otro lado.
¡Estaba casado!
Su esposa era una mujer muy segura de sí misma, era elegante, delgada, alta, pero con una expresión fría.
Comprobé que ellos no se llevaban bien.
Él parecía despreciarla, pero ella, o estaba acostumbrada a recibir su desprecio, o no le importaba demasiado por