Por Alberto
Odio a Vivián, arruinó mi noche, no la noche de Vifrut, sino la mía, la personal, la verdadera, la que vale.
Ella lo sabía, de laguna manera se entera de todos mis planes.
Tengo que reunirme con mi gente de seguridad, alguien está hablando con ella.
O me sigue espiando.
Pero esta vez no había comprado la sortija, me la había dado mi madre.
¿Alguien más, en Mendoza, se pudo enterar?
Estaba paranoico, aunque de algo estaba seguro, la presencia de Vivián no era casualidad.
Sin decirle