Capitulo 58 No son celos

No puedo creer lo que me está sucediendo.

Me llevé la mano a mi mejilla, sentí los dedos marcados.

La cara me ardía, el sabor metálico dentro de mi boca no se hizo esperar.

Mi indignación crecía.

Sin embargo, no grité, ni siquiera lloré.

- ¿Estás loca?

- ¿Yo? ¡Sos una arrastrada!

Me insultó.

¿Arrastrada yo?

La mirada de Mariza, que estaba en un costado, estaba atónita, también, estaba Silvina, que se había asomado, posiblemente alertada por los gritos.

-Señora, le pido que se retire.

Le dije,
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