Por Alberto
Pasaron algunas horas, afuera seguía lloviendo aunque la tormenta había amainado.
-¿Quién cocina en esta casa?
Preguntó Vivián.
Yo me alcé de hombros, no tenía hambre, estaba desbastado por haber perdido a Alice sabía que se vendrían días duros, pero tenía la esperanza poder divorciarme, sin perder demasiado.
-Sos un infeliz, tu hijo tiene que cenar.
Nunca me había insultado tanto, estaba nerviosa, y había perdido el control cuando le dije que sabía su secreto.
-Pedí comida.
-¿Yo?