Ivette Russell
Como si las cosas ya no fuesen lo suficientemente malas, ahora tenía que lidiar con un desajuste en las cuentas del refugio de vida marina.
Por sugerencia de Julius, debí contratar personal para que llevara los datos contables, pero fui lo suficientemente testaruda como para rechazarlo.
Miré la hora en mi reloj, advirtiendo que pronto sería el momento de almorzar.
—Me rindo —dije para mí misma, dejando papeles, facturas y recibos esparcidos en el escrito de mi pequeño despacho im