René Chapman
Así como ella esperó hasta el último momento para hacer su aparición y endulzar el oído de mi esposa con esas palabras bonitas, yo también esperé a que ella se marchara para ir a ver a mi mujer.
—Esa chica no me gusta para nada —dije con total franqueza.
—¿Se supone que ahora me espías? —espetó de mala gana.
—No me gusta que esté cerca de ti y de la niña. Seguiremos financiando sus estudios, pero la reasignaré a otro departamento.
—¡No te atrevas! —Colocó el vaso sobre la encimera