Ivette Russell
Había pasado el resto de la tarde admirando el nuevo paquete que envió Giuseppe.
Ya no se esforzaba por ocultarse, sino, que lo había traído él mismo.
—¿Qué sucede?
Estuve tan absorta en mis pensamientos, que no reparé en que mi esposo había llegado.
—Giuseppe.
No necesitaba decir más.
—¿Otra vez con sus estúpidos recados?
Caminó a paso decidido, tomando el blanco sobre en sus manos.
—No. —Di un respingo—. Esta vez ha venido él mismo.
—¡¿Qué?!
Desde la distancia, pude ver como ca