René Chapman
Mirar dormir a tu pareja, debía ser la octava maravilla del mundo, pensé.
El pecho de Ivette subía y bajaba lentamente al ritmo de acompasadas respiraciones. Aun con la boca ligeramente abierta y el cabello hecho un desastre, se ve mucho más bonita que cuando se esfuerza por cuidar su apariencia.
Cabeceé, riendo internamente por lo irónico de mi situación.
Yo, René Chapman, que no había despertado en la misma más de una vez, estaba aquí, admirando la ensoñación que es la mujer que