Ivette Russell
Escuché con atención cada una de las palabras de mi esposo, sin embargo, debo confesar que quise intervenir muchas más veces de las que en realidad lo hice.
—¿Tú abuelo nunca supo nada esto? —cuestioné.
—No. —Cabeceó—. ¿Cómo crees que sería capaz de hacer algo así sin matarlo de un ataque al corazón?
Tragué grueso, relajando mi postura por primera vez durante todo el relato.
—Has dicho en más de una ocasión que Grace está loca —comenté—. Además de las razones obvias, ¿Hay otro mo