Ivette Russell
Mi esposo ha insistido que la funeraria no es lugar para una niña y en verdad tiene razón, pero me sentiría realmente mal si no lo acompaño en un momento como este.
El salón privado donde se estaba llevando a cabo el proceso velatorio, a penas y si estaba ocupado por unas pocas personas, además de la difunta.
—Puedes regresar cuando quieras, amor —musitó, reposando una mano en mi rodilla descubierta.
—Estamos bien —aseguré—. La bebé no se ha alterado para nada y eso es mucho deci