Ivette Russell
Una vez más había caído en el hechizo Chapman y eso me hacía sentir enfurecida.
—Eres un insufrible —espeté con rabia, apoyando ambas palmas en su pecho para tomar el impulso necesario y levantarme, mirándolo a los ojos por primera vez, después de nuestra ardua jornada.
—Te vez preciosa.
Sus ojos se posaron en mis pechos, por un largo, largo rato.
—Imbécil —farfullé, colocándome de pie, para ir a por mi ropa.
Imitando mi acción, él también se levantó, recogiendo la toalla del pis