Mientras un oficial esposaba a Rafael, otro se acercó a Abigail. Zoe miraba todo desde su posición, el dolor en su cuerpo simplemente no existía, la adrenalina del momento la tenía más pendiente de ellos que de su propia herida.
Ella estaba convencida que con tal de separarlos, de arruinarlos… de arruinarla, sería capaz de cualquier cosa, sin importar si se tendría que herir una y otra vez. El policía se acercó a Abigail al ver como estaba afectada.
—Señorita, ¿es usted la madre del menor?
—S