Abigail se puso de pie y rodeó la mesa. Rafael se levantó también, y en un movimiento natural, ella se refugió en su pecho. El sonido del corazón de Rafael, latiendo con fuerza contra su oído, era la única melodía que necesitaba.
—Te amo, Rafael Baker —dijo ella, levantando la vista para encontrar la de él—. A pesar de todo. Mi corazón nunca dejó de pertenecerte, aunque intentara arrancarlo.
Rafael tomó su rostro entre sus manos, con una delicadeza infinita, como si temiera que Abigail se desv