De camino a su casa la cabeza de Abigail estaba completamente ida, no dejaba de pensar en lo que había pasado, no dejaba de cuestionar el porqué la vida estaba siendo tan cruel con ella colocándole estas pruebas que no sabía si podía pasar.
Finalmente, no tenía derecho de hacer que la vida de Rafael cambiara tan drásticamente, de aparecer y destruir lo que la había conseguido: el matrimonio estable y aparentemente feliz.
No tenía derecho a hacerlo.
Instintivamente pasó los dedos por sus labio