Mientras tanto, en la oscuridad del jardín trasero de la casa grande, una sombra se movía con agilidad desesperada. Abigail, vestida de negro y con el corazón martilleando ferozmente, había logrado burlar la seguridad con la ayuda de Max.
Luego de que llegó a sus manos la orden de restricción, luego de ver que la querían lo más lejos posible de Gabriel, todo dentro de ella se descompuso.
No le importaba la orden de restricción. No le importaba terminar en una celda de nuevo. Solo escuchaba en