Max llegó al muelle industrial cuando el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte. El cielo se teñía de naranja y rojo, creando sombras largas entre los edificios abandonados.
Estacionó el auto a dos cuadras de distancia. Damián y su equipo ya estaban posicionados en puntos estratégicos alrededor del perímetro, ocultos pero listos para actuar.
Max revisó su comunicador oculto en el cuello de su camisa.
—¿Me copian?
La voz de Damián llegó clara a través del auricular casi invisible en su oído.