“Lo que duele, enseña — y lo que enseña, cambia”**
El silencio después de la reunión pesaba como un muro.
Cada quien se había ido a su lado, pero la tensión seguía vibrando dentro de la mansión como si las paredes fueran capaces de guardar los gritos no pronunciados.
Ziara subió a su habitación con pasos lentos, sintiendo el latido acelerado en el pecho.
Había hablado. Había respondido. Había defendido su lugar.
Y aunque la tranquilidad la envolvía por dentro, también sabía que algo… algo se ha