La alarma de Ziara sonó antes de que el amanecer terminara de pintar el cielo.
No había dormido bien, aunque se obligó a cerrar los ojos toda la noche. Su mente repetía una y otra vez la escena con Yaniel en el pasillo, su advertencia fría, la forma en que él no vio su lágrima… o tal vez sí la vio, pero no le importó.
Se levantó con un suspiro largo, se recogió el cabello en una cola alta y eligió la ropa con más cuidado que nunca. Aunque no quisiera admitirlo, había en ella un deseo absurdo de