Inicio / Romance / La curvy del CEO por contrato / El verdadero inicio de la pesadilla
El verdadero inicio de la pesadilla

Los brindis seguían sonando detrás de ella como un eco lejano, hueco, casi irreal. Ziara sentía cada músculo rígido, paralizado. Las sonrisas exageradas, los elogios falsos, los comentarios venenosos disfrazados de cortesía… todo le daba vueltas.

Acababa de firmar su futuro.

Un futuro que ya empezaba a sentirse como una cadena.

—Ziara, cariño, sonríe un poco —le ordenó su madre, sin siquiera mirar si lo hacía o no—. Vas a aparecer en las fotos.

Ella respiró hondo y logró una sonrisa mínima, más un temblor que una expresión real. Sabía que su madre solo buscaba una foto perfecta para presumir. Nada más. Nunca había sido sobre ella. Nunca lo sería.

A su lado, Sophia observaba todo con ojos brillantes de veneno.

—No te preocupes, hermanita —murmuró mientras acomodaba un mechón perfectamente ondulado detrás de su oreja—. Si lo haces mal, siempre está el divorcio. Aunque claro… él no va a durar mucho a tu lado.

Ziara no respondió. No podía. Tenía un nudo en la garganta tan apretado que temía romperse al menor intento de hablar.

Pero antes de que Sophia pudiera continuar con su tortura habitual, una sombra se interpuso entre ellas.

Yaniel.

Imponente. Elegante. Frío como un cristal quebrado.

—Voy a llevarme a mi prometida un momento —dijo con voz dura y contenida.

Sophia abrió la boca para protestar, pero un solo vistazo de Yaniel la obligó a morderse la lengua.

Él tomó a Ziara del antebrazo —sin brusquedad, pero tampoco con delicadeza— y la guió fuera del salón, ignorando las miradas curiosas de los invitados y familiares.

El pasillo estaba vacío, silencioso y frío. Las luces reflejaban sobre el mármol pulido, creando un ambiente casi demasiado perfecto para lo que estaba a punto de suceder.

Yaniel la soltó apenas estuvieron solos.

—¿Qué demonios buscabas con todo esto? —espetó sin darle tiempo a respirar—. ¿Estás satisfecha?

Ziara lo miró, confundida.

—¿Satisfecha… de qué?

—De lograr exactamente lo que querías —continuó con un tono lento, duro, lleno de resentimiento—. Mi familia presionándome. La tuya también. Y tú fingiendo sorpresa, como si no hubieras manejado todo esto desde el principio.

Ziara retrocedió un paso, herida.

—Yo… yo no manejé nada —susurró—. Ni siquiera sabía que iban a hablar de compromiso hoy.

Yaniel soltó una carcajada amarga, casi cruel.

—Claro que no —dijo con sarcasmo—. Porque tú eres inocente. Tímida. Ingenua. La víctima perfecta.

—Yo nunca he querido obligarte a nada —soltó ella, sintiendo cómo la voz se le quebraba.

—Pues lo lograste igual —respondió él, cada palabra un puñal—. Y ahora estoy atado a ti por tres años. Tres. Años.

Ziara sintió cómo los ojos empezaban a arderle, pero se obligó a contener las lágrimas.

—Lo siento —murmuró, porque no sabía qué más decir, aunque no tuviera la culpa.

Yaniel dio un paso hacia ella, lo suficientemente cerca como para que ella sintiera el peso de su presencia.

—No necesito tus disculpas —le dijo en voz baja, helada—. Necesito que entiendas lo que viene.

Ziara levantó la mirada, temblorosa.

—¿Qué… qué viene?

Él la observó durante un largo segundo, como si estuviera evaluando cuán lejos podía romperla antes de que se quebrara del todo.

—Desde hoy —sentenció—, haremos exactamente lo que nuestras familias esperan. Pero fuera de la vista de ellos, de los medios, de los socios… tú y yo no existimos.

La frase cayó como una sentencia.

—Yo no te debo cariño. No te debo respeto. No te debo atención.

—Sus ojos se endurecieron aún más.— Y tú no te harás ilusiones sobre mí. Ninguna.

Ziara apretó los puños a los costados.

No sabía que se podía sentir tanto dolor sin hacer ruido.

—Nunca he tenido ilusiones —respondió con un hilo de voz—. Ni siquiera pensaba que tú… notarías que existo.

Yaniel parpadeó, sorprendido por un instante. Había verdad en su tono, verdad pura, sin manipulación.

Pero el gesto desapareció tan rápido como llegó.

—Mejor —sentenció él—. Así no habrá malentendidos.

Ella bajó la mirada.

Otra vez.

Siempre.

—Cuando estemos en público —continuó—, seremos la pareja perfecta. No mostrarás inseguridad, ni torpeza, ni… —su mirada recorrió su cuerpo con frialdad, como si evaluara un defecto en una vitrina— …lo que te hace tan frágil.

Ziara sintió que la vergüenza subía a su rostro como fuego.

—Pero fuera de cámaras —dijo él, retrocediendo un paso—, mantendrás tu distancia.

Ella asintió lentamente.

No tenía fuerzas para protestar.

Ni opción para negarse.

Ni un lugar al que huir.

Yaniel se giró, listo para volver al salón como si nada hubiera ocurrido, pero Ziara habló antes de que pudiera dar un paso.

—Yaniel…

Él se detuvo.

—¿Qué?

Ziara tragó saliva.

—No voy a ser un problema para ti —dijo, y su voz tembló, pero no se rompió—. Lo prometo.

Hubo un silencio.

Uno extraño.

Uno tenso.

Yaniel no respondió.

Simplemente siguió caminando.

Antes de desaparecer por la puerta, soltó:

—Más te vale.

Ziara quedó sola en el pasillo.

Apretó la carpeta del contrato contra su pecho y dejó que, finalmente, una lágrima silenciosa resbalara por su mejilla.

Uno.

Solo uno.

No más.

Porque a partir de ese día…tenía que aprender a ser de piedra.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP