Los brindis seguían sonando detrás de ella como un eco lejano, hueco, casi irreal. Ziara sentía cada músculo rígido, paralizado. Las sonrisas exageradas, los elogios falsos, los comentarios venenosos disfrazados de cortesía… todo le daba vueltas.
Acababa de firmar su futuro.
Un futuro que ya empezaba a sentirse como una cadena.
—Ziara, cariño, sonríe un poco —le ordenó su madre, sin siquiera mirar si lo hacía o no—. Vas a aparecer en las fotos.
Ella respiró hondo y logró una sonrisa mínima, más