Ziara tardó varios días en sentir el verdadero peso de la decisión, no llegó como una sacudida inmediata ni como una emoción desbordada llegó de manera más sutil, más exigente, en los detalles, en la forma en que empezó a organizar sus mañanas,en cómo ya no postergaba respuestas incómodas,en cómo su cuerpo dejó de tensarse ante cada correo nuevo, cada número desconocido en el teléfono, cada silencio prolongado.
Aceptar el proyecto no había sido un acto de valentía impulsiva había sido un acto d