La mañana siguiente trajo consigo un silencio que no era vacío era expectante.
Ziara se levantó antes del amanecer, como había aprendido a hacerlo desde que su vida había decidido que nada era gratuito cada movimiento estaba medido, cada respiración consciente, ya no era la chica que se escondía detrás de ropa ancha ni de gafas que pretendían borrarla del mundo, ahora, cada elección que hacía era un recordatorio de que estaba viva y que nadie más podía escribir su historia.
Se vistió con cuidad