Corrí hasta nuestro habitación, con el corazón desbocado solo para encontarme con aquella fatídica escena. Grité con toda la fuerza de mi ser y le desplomé de rodillas, el efecto de la adrenalina se paso rápidamente y mi cuerpo debilitado por tantos años de postración. Alexander se incorporó, mirándome desde arriba, estaba desnudo y sudoroso demostrando la ardua faena de la que venía saliendo, lo desafíe con la mirada, que ahora solo reflejaba un profundo odio. Sus ojos lucían confundidos, Tamy