74. La otra cara del amor
—¿Qué carajos le dijiste? —escupí al cerrar la puerta tras de mí, sintiendo la rabia acumulándose en mis venas.
Fabiana me miró con arrogancia, con esa mueca de falsa inocencia que tanto me molestaba. Sabía lo que había hecho, y aún así tenía el descaro de sostenerme la mirada.
—Solo la verdad.
Su tono fue un desafío directo. Di un paso al frente, invadiendo su espacio, sintiendo cómo mi mandíbula se tensaba.
—No juegues conmigo —le advertí en un tono bajo, pero cargado de amenaza—. Sabes bien