Observé a Firenze con detenimiento. Ya no tenía el sobre con los documentos, pero no podía confrontarla todavía. Necesitaba saber qué tanto había descubierto y, sobre todo, qué planeaba hacer con esa información. No podía dar un paso en falso. Ella estaba dos pasos adelante, esperándome. Sentí por primera vez en mucho tiempo que el control ya no me pertenecía y esa sensación me resultaba insoportable.
Aguardé hasta el final del día, cuando los niños se durmieron y mis padres se marcharon. Duran