Firenze comenzó a mostrar rasgos que nunca antes había visto en ella, cambios en su comportamiento que no lograba entender del todo. Buscaba cualquier motivo para pelear y, de repente, se sumía en un silencio profundo, como si el mundo a su alrededor no existiera. Cuando estábamos a solas, parecía asfixiarse con mi presencia, evadiendo toda interacción conmigo e incluso con los niños. Se refugiaba en su tía Gina, a quien había pedido que regresara para ayudarla con Noah y Zoe, pero ni siquiera