Como era de esperarse, Fabiana no cortó la comunicación como había amenazado. Por el contrario, me enviaba mensajes depresivos, fotos de la niña, incluso imágenes de ella misma llorando, pasándola mal.
Sabía que ser cruel no traería buenos resultados. Yo necesitaba mantenerla bajo control. Aún no tenía claro qué tanto sabía Firenze sobre mi relación con ella, y tenía que evitar a toda costa que se enterara de más cosas.
Había subestimado a Fabiana, o mejor dicho, esperaba que tuviera un poco má