La rutina había vuelto a atraparme. Entre el caos en la empresa y mis esfuerzos por mantener mi relación con Grace, apenas podía respirar. Decidí no confrontarla sobre las pastillas que encontré, para evitar que me reclamara por invadir su espacio, pero la duda me dejaba un sabor amargo.
El trabajo se convirtió en un refugio, aunque cargado de tensión. La reestructuración tras disolver la sociedad con Adam fue agotadora. En medio de todo, Lucy, mi asistente de finanzas, se convirtió en una piez