Esa noche, la esperé en casa, sintiéndome como una bomba a punto de estallar. El estilo de vida independiente de Grace había sido conveniente para mis escapadas, pero nunca imaginé que le estaría dando el mismo espacio para hacer de las suyas. Cuando llegó, su expresión cambió al verme sentado en la sala.
—¿Qué pasa? —preguntó, fingiendo indiferencia.
—¿Dónde estuviste? —dije, directo al grano.
Su silencio fue suficiente para confirmar lo que ya sabía.
—Sabes, no necesito que me mientas más. Lo