De regreso a casa, el duelo se había instalado en forma de silencio. Grace se esforzaba por no mostrar ninguna señal de dolor, pero era evidente en su mirada vacía y en la manera en que evitaba mi contacto visual. Además de la medicación, el médico le había indicado algunos días de reposo, y aunque me preocupaba dejarla sola, ella rechazó mi compañía de manera tajante.
Sentado en la sala, mirando el reloj avanzar, me sentí impotente. Las palabras de Grace seguían resonando en mi mente: “No est