La miró de reojo: llevaba un maquillaje suave, con labios rojos pero no llamativos, un conjunto muy natural que la hacía lucir aún más fresca y etérea.
—No te ves extraña en absoluto, estás preciosa —dijo Matías, sin escatimar elogios.
—En la universidad ya eras la más bella de nuestro departamento, además de ser brillante. Tenías innumerables pretendientes —añadió sonriendo.
—Senior, no bromee conmigo —respondió Marisela, un poco avergonzada e incómoda.
Matías sonrió levemente, observando la ti