Era él quien se había estado engañando a sí mismo, siempre pensando que Isabella en realidad "no era tan mala", "solo era un poco extrema".
Y ahora.
Daniel apretó ambas manos en puños, cerró los ojos y respiró profundamente.
Al abrirlos nuevamente, había completa decepción y frialdad en su interior.
La oficina estaba extremadamente silenciosa, o más bien, silenciosa de manera aterradora.
A su lado, Steve viendo el rostro sombrío de su jefe, no se atrevía ni a respirar.
Porque todo se dirigía hac