—¿Vienes a cenar esta noche? Yo cocino —dijo Marisela.
—No, apenas saliste del hospital hoy, ayer por la mañana aún te estaban poniendo suero nutritivo. Tengo miedo de que te desmayes en la cocina —se apresuró a decir Celeste.
—Entonces te invito a comer, vamos a un restaurante —dijo Marisela.
Celeste no se negó, y acordaron la hora.
Llegaron hasta afuera del complejo residencial Los Jardines de Luna, se bajaron del auto, y cinco guardaespaldas bajaron para acompañarlas hasta la entrada.
—Gracia